Acerca de The Nowness Mystery

En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos.
Heráclito

Ese país no se parecía a ningún otro país del mundo. Toda la población estaba compuesta de niños. Los más viejos tenían catorce años, los más jóvenes apenas ocho. ¡En las calles, una algarabía, un ruido, un griterío que martillaba el cerebro! Bandas de chiquillos por todas partes: jugaban a las bolitas, al tejo, a la pelota, andaban en bicicleta, en caballitos de madera; unos jugaban al gallito ciego, otros se perseguían; algunos, vestidos de payasos, devoraban antorchas; otros recitaban, cantaban, hacían saltos mortales, se divertían caminando con las manos y levantando las piernas por el aire; uno manipulaba el aro, otro paseaba vestido de general con birrete de papel y un escuadrón de cartón; reían, gritaban, se llamaban, aplaudían, silbaban, alguno imitaba el sonido de la gallina cuando ha puesto un huevo: en suma, un pandemónium, una baraúnda, un bullicio tan endiablado que había que ponerse algodón en los oídos para no quedarse sordo. (…) En medio del recreo continuo y las múltiples diversiones, las horas, los días, las semanas pasaban como relámpagos.

Pinocho, Carlo Collodi

Desde “A Space Odyssey” a “The Croquis Reloaded” pasando por “The Real Fiction” o “The Rehearsal”, Cuqui Jerez ha desarrollado un lenguaje propio que gira alrededor de la repetición, la variación y la digresión. El perfecto dominio de estas herramientas produce partituras escénicas que tienen la precisión de un mecanismo de relojería.

La metáfora del reloj resulta doblemente útil. Más allá de la precisión, las estrategias que emplea Cuqui Jerez hacen que la temporalidad cobre especial importancia en sus obras porque, si bien la naturaleza del tiempo es una incógnita, los humanos percibimos su paso mediante la diferencia. Sabemos que el tiempo pasa debido a las hojas que caen del árbol, la distancia que recorren las nubes o bien las arrugas que aparecen en un rostro. De la misma manera que no podemos escapar del tiempo, tampoco podemos escapar de la diferencia. Tal y como propone Borges en su famoso “Pierre Menard, autor del Quijote”, incluso la repetición exacta de un acontecimiento implica una diferencia ya que lo percibimos de manera distinta cuando se produce por segunda vez. Así pues, la repetición no es lo opuesto a la diferencia, sino su más baja expresión. En este sentido, la herramienta fundamental de Cuqui Jerez siempre ha sido la diferencia, ya sea en su grado más bajo (la repetición), en un grado intermedio (la variación que propone una divergencia respecto a un acontecimiento original pero mantiene un nexo con éste) o bien en su grado más alto (la pura diferencia que se da en la digresión cuando un acontecimiento que nos resultaba familiar se transforma hasta volverse irreconocible).

En “The Croquis Reloaded”, la coreógrafa da un giro que prefigura de alguna forma “The Nowness Mystery”. Más allá de la partitura donde maneja una vez más con virtuosismo la repetición, la variación y la digresión, la obra se construye alrededor de lo que ocurre en un mismo instante. La intérprete, Cristina Blanco, encarna sucesivamente a personas, animales u objetos que actúan de forma simultánea en distintos lugares. Así pues la temporalidad se concentra alrededor de un solo momento.

Este intento de asir un lapso temporal prosigue en “The Nowness Mystery”, sólo que ahora este instante no es otro sino el presente (“the nowness”). Sin embargo, ¿qué es el “ahora”? Como bien indica el título, se trata de un misterio difícil de resolver. En la paradoja de Zenón hay una flecha que va de A a B. Si entre A y B hay un punto intermedio C, y otro punto intermedio D entre A y C, y así sucesivamente, de tal manera que el número de puntos por los que debe pasar la flecha es infinito, ¿cómo puede ser que la flecha llegue en algún momento a B? Si aplicamos la misma lógica a una línea temporal, ¿cómo es posible asir alguna vez un punto preciso que represente el “ahora”? Henri Bergson resuelve esta paradoja diciendo que si la flecha llega hasta B es porque nunca se detiene en ningún punto intermedio entre A y B, sino que dibuja un recorrido indivisible que constituye una unidad en sí, engarzada en la duración. Por el mismo motivo sería imposible aislar un momento determinado.

Como la duración se caracteriza por una transformación constante, Cuqui Jerez ha dejado de lado la repetición y la variación para centrarse en la digresión, que constituye el pilar de “The Nowness Mystery”. Este predominio de la digresión modifica radicalmente el lenguaje que Jerez había desarrollado hasta ahora. El mecanismo de relojería recibe un fuerte martillazo y las piezas se extienden sobre la mesa.

Por otro lado, la directora ha trabajado junto con Amalia Fernández y María Jerez dos herramientas que también tienen una relación especial con el tiempo: la improvisación y el juego. En primer lugar, en la improvisación la acción se modifica según lo que requiere el momento presente. En segundo lugar, como bien sabe cualquier persona que haya mirado el patio de una escuela, el juego crea una modalidad temporal propia donde sólo el “ahora” parece importar. Como dice Giorgio Agamben, “el juego (…) tiende a destruir la conexión entre pasado y presente”, creando esa dimensión temporal donde sólo subsiste este último y “las semanas pasan como relámpagos”.

Quim Pujol

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